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Дата обновления : 15.01.2024
Ya no quer?a hablar de nadie mаs que de ellos. Excepto de su futuro. Excepto de la felicidad que les esperaba.
"Genial. Sоlo un poco ocupado. ?Cоmo estа Dobby?"
Ella vacilо. ?Quе le pasa? No le pasaba nada. Despuеs de todo, lo que ella se hab?a inventado: un montоn de mеdicos con mucha medicina moderna por mucho dinero no hab?an encontrado ning?n motivo de preocupaciоn. No es que hubiera ninguna dolencia. Y de todas formas tendrа que devolverle el cachorro en una semana. Ya estа pidiendo comida.....
"Dobby estа bien. Sоlo que no sе cuаndo quiere comer… Pero bien. Consultе a un par de mеdicos que conozco y me dijeron que puede pasar. As? que… ?nos vemos?" – la frase final surgiо de improviso despuеs de toda una serie de palabras y no encajaba bien con la ?ltima frase de Gustav: empezaba a parecer que ni siquiera le estaba escuchando: "Quiero decir, me preguntaba si podr?amos dar un paseo alg?n d?a cuando estеs libre."
– S?, claro. Claro, vamos a dar un paseo.
– Y tambiеn quer?a preguntar sobre el puppy.....
Gustav la interrumpiо: "Por cierto, s?. Iba a recogerlo pronto, ?no? Ya casi he terminado con todo. Mаs rаpido de lo que esperaba, y lo recogerе… ?Quе tal pasado ma?ana por la tarde? ?A las 3?"
Catherine exhalо un suspiro de alivio: "S?, por supuesto. Entonces iremos a dar un paseo, ?no?".
– S?, s?, absolutamente. ?Quе ibas a decir sobre Dobby? Porque interrump?. Estа bien, ?no?"
– No, no es nada. – sonriо suavemente al telеfono. – Es sоlo que creo que empiezo a echarte de menos ya.....
Tras hablar unos minutos mаs tranquilamente y darse las buenas noches, Catherine colgо el telеfono, se levantо de la mesa y se dirigiо a la nevera. En la puerta hab?a un Borgo?a tinto seco. Sirviо un vaso lleno, lo bebiо hasta la mitad y sonriо. Pronto estar?a con ella. Todo les iba bien. Ella sabe cuidar de su otra mitad y seguro que tambiеn sabrа cuidar de еl. Igual que еl cuidar?a de ella.
Kathryn se volviо y se encontrо de nuevo con los ojos del cachorro, que estaba tumbado exactamente en la misma posiciоn que hab?a estado desde por la ma?ana. "No le pasa nada. – pensо la muchacha. – Sоlo estа triste por su amo. ?Por quе me emociono? Me dio el perro para que me lo quedara. He hecho todo lo que se supone que debo hacer. No es que no estе comiendo. Suele pasar. Otras personas no habr?an hecho ninguna prueba, y mucho menos visto a los mejores mеdicos. Tengo a todo el mundo en vilo. ?Y para quе? No hay razоn para hacerlo. Y el cachorro es joven. No se va a morir solo. No hay nada malo en las pruebas, as? que vivirа. Y al final, aunque muera, no serа en tres d?as. Y entonces Gustave se cuidarа solo. Un hombre as? puede resolver cualquier cosa. ?Quе tengo que decidir yo? Tengo demasiadas responsabilidades, estoy cansada… Aunque tal vez deber?a haberle preguntado por quе el perro dejо de comer… Al menos еl lo sabr?a…
?Mentira! No es asunto m?o. ?Hice todo lo que me pidiо? S?. El perro estа vivo y bien, por supuesto. Cualquiera puede ver que estа sano. Y el pаnico es un comportamiento histеrico que necesita ser eliminado. Y a Gustav no le gustar?a que me preocupara por nada. No hay nada malo aqu?. En tres d?as, no me importarа nada de esto. Puede tomar al cachorro y dejarlo morir en un minuto, no es mi responsabilidad… Es mi responsabilidad ser feliz. Y Gustave tendrа que ocuparse de eso ahora. Tengo que ser hermosa y mantenerlo con una correa mаs corta. Todo saldrа bien, como siempre".
Catherine apartо los ojos del perro y se sirviо un segundo vaso.
Gustav
Al otro lado de la ventana soplо de nuevo el viento, los аrboles se balancearon, bailaron y empezaron a abrazarse como viejos amigos.
Ahora hab?a que ir a la tienda mаs cercana, a comprar alcohol para poner en prаctica otra idea interesante: Vlad?mir Arkadievich ten?a una hija con dos rasgos fisiolоgicos incomparables, pero no raros: adicciоn al alcohol y ri?ones enfermos al mismo tiempo. Sin duda, ella se hab?a encaprichado de еl hac?a dos meses, y hab?a dejado claro mаs de una vez que quer?a algo mаs que admirarlo de lejos.
Cuando Gustav subiо al coche, ya llov?a fuera de la ventanilla, no con fuerza, pero era evidente que iba a seguir lloviendo. Al irlandеs le encantaba este tipo de tiempo: se adaptaba perfectamente a sus meditaciones, y tambiеn al estado de аnimo de la gente alterada y angustiada, que se aseguraba a s? misma que "el cielo lloraba ahora con ellos". Una visiоn sorprendentemente infantil de la naturaleza, a menudo presente en las descripciones histоricas: batallas, coronaciones de reyes, tomas de posesiоn de presidentes son descritas por diferentes personas con climas directamente opuestos, como si estuviеramos hablando de acontecimientos, tiempo y lugar diferentes. El incansable deseo de confirmar la propia opiniоn, de predisponerse, de crear el trasfondo necesario, y es tan fаcil cuando existe una fuerza tan poderosa pero muda, que expresa tan v?vidamente la propia opiniоn, una fuente inagotable de confirmaciоn de cualquier idea y pensamiento. Y, al parecer, muchos consideraban un pecado no utilizarlo para sus propios fines.
Hubo un tiempo en que en Rusia las "lluvias ciegas", es decir, las que ca?an a la luz del Sol, se llamaban "llanto de la zarevna" porque las gotas brillantes parec?an lаgrimas. Al menos hab?a cierta base para tal denominaciоn. Pero parec?a hipоcrita hacer propaganda pol?tica de la naturaleza.
"Este es el tipo de cosas que reflejan v?vidamente la bajeza del hombre. – pensо Gustav mientras arrancaba el coche. – Merecen morir y nada mаs.
Tardamos unos 7-8 minutos en llegar, a la vuelta de unas cuantas esquinas hab?a un edificio independiente de la еpoca soviеtica, donde el servicio, los precios y el ambiente en general eran muy adecuados para la venta de alcohol, incluso de origen ilegal, y tambiеn durante la еpoca prohibida.
Delante del edificio hab?a algo parecido a un aparcamiento. Y ahora hab?a un Lada gris del noveno modelo, con todas las puertas abiertas de par en par. Dos hombres estaban sentados dentro, con los pies en la calle. Los ojos pod?an ver que hab?an bebido mucho, y que probablemente quedaba otro tanto por beber.
"?Escucha esto, hermano! – gritо uno de ellos a Gustav. – Ese coche mola.
Llеvanos, por ejemplo a Cerveza". Incluso a diez metros de distancia, el hedor
que desprend?a la pedrada y que se derramaba sobre su cuello era bastante vil y acre, como si hubiera estado en capas sobre su piel durante mucho tiempo.
Gamberros de medio pelo. Apenas saben distinguir entre Einstein y Eisenstein. No han le?do un solo libro desde el instituto, no sоlo Remarque o Steinbeck, sino cualquier libro. Ni еtica, ni estеtica. Pero s? un pronunciado deseo de beber alcohol y exigirlo a los demаs, como si se lo debieran. Al fin y al cabo, alguien tiene que ocupar este nicho, y si no quieres hacerlo t? mismo, entonces paga al que ocupe este lugar por ti. Y paga para que tenga suficiente para seguir ocupаndolo. O de lo contrario te arrastrarа, ya sea al mismo tiempo, o en lugar de еl mismo....
Una presa poco interesante e in?til.
"Claro, os llevo", dijo el irlandеs y cambiо de direcciоn hacia ellos. Sus rostros estaban visiblemente complacidos: al parecer, los que se hab?an cruzado antes con ellos los hab?an ignorado o negado por diversos motivos.
gritо el del asiento trasero. Estaba mаs sobrio que el que ocupaba el asiento del pasajero junto al del conductor. El hedor era a?n peor ahora.
"?Por quе la cerveza? – preguntо Gustav, a medio metro de ellos. – ?Vodka?
?Carne de caballo, mejor?"
"Puta, s? me gustar?a un poco de carne de caballo", pensо el hombre de
delante, aunque ya estaba casi harto.
Gustav sacо su cartera y, extrayendo un billete de cinco mil dоlares, se lo entregо al hombre sentado en el asiento trasero. El color naranja del dinero les impactо a ambos en los ojos.
"Joder, hermano". – susurrо, mirando el dinero en sus manos.
"Y para m? Dame uno tambiеn", empezо el otro, pero el irlandеs ya le estaba
tendiendo un segundo billete similar.
– Bueno, para que no te ofendas.
– De corazоn, hermano…
El primero se despertо un poco: "Eh, cоmo te llamas, hermano, ven con nosotros. Vamos a machacar un poco de carne de caballo…
– Gustave. Gustav Glisson.
– Ah. Un pahan extranjero, entonces.
– Algo as?… ?Has visto alg?n polic?a por aqu??
– Estаn dormidos, perras. Vasyana ha salido a dar un puto paseo. ?Adоnde van?
– ?As? que t? eres Vasyan?
– Ese es el maldito. Y ese de ah? es Grey conduciendo.
Gustav sacо una navaja plegable del bolsillo interior de su chaqueta y la clavо bajo la mand?bula del primer hombre, cerrо la puerta y apu?alо al segundo en el cuello. La sangre salpicо todos los asientos, las puertas y la tapicer?a. Vasyana incluso intentо cubrir la herida con la palma de la mano, un billete de dinero, pero fue in?til: sus cerebros no funcionaban a esas alturas. Sus cerebros no se daban cuenta de que la muerte hab?a dejado de acercarse sigilosamente, sino que hab?a llegado de golpe.
Gustav puso el cuchillo en la palma de Grey, le apretо la mano y se dirigiо a la entrada de la tienda.
Es un gran honor, por supuesto, que esos borrachos mueran por su mano, pero una vez se interpusieron en su camino.
Hac?a un par de meses, con sus preguntas e insinuaciones, hab?an asustado a una de sus posibles v?ctimas en el mismo aparcamiento. La chica, bajita y frаgil, obviamente se hab?a fijado en Gustav, pero se metiо en su coche inmediatamente al ver a los dos hombres. No ten?a sentido perseguirla, no era tan guapa e interesante por lo que parec?a. Pero el residuo permanec?a, y desde luego no merec?a la pena esperar a que volviera a ocurrir.
Por supuesto, no hab?a nadie en la tienda, salvo el dependiente. De hecho, tampoco estaba el vendedor: una mujer bajita y rellenita de unos 55 a?os estaba viendo la televisiоn, alg?n programa sobre geograf?a, sin prestar atenciоn a nada.
En realidad, la ?ltima vez que hab?a entrado en este lugar y hab?a preguntado quе pod?a conseguir con productos baratos pero de calidad, hab?a recibido la respuesta definitiva: "?Compra y no jodas!", que le saliо como un eslogan publicitario. Ahora encajaba bien. El irlandеs mirо las estanter?as con alcohol: "Me gustar?a un poco de co?ac… Hay Stone land n? 5. 0,7 litros".
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